Ámate.
Ámate sin pensar.
Ámate en cualquier
lugar.
Ámate tras cualquier
cosa que te pueda pasar.
Álmate de valor
en esos arduos
momentos
en los que falta calor.
Y mejor que pensar,
sentimiento
mientras caminas al
interior.
Y verás que el
sufrimiento,
con consciencia y
aprendiendo,
trae consigo una flor
y, con ella, nuevos
vientos,
más brillante
pensamiento
y los aires frescos
del amor.
Álmate de valor... ¡Qué bonito juego de palabras! Fíjate que yo no soy amante de la poesía y sin embargo ésta me ha llegado. Será que el otoño deja caer mi escudo protector como caen las hojas de los árboles; será que llevo mucho tiempo intentando amarme y buscando mi esencia, la verdadera alma que nos impregna de ese valor suficiente para abrir todas las ventanas y dejar que entren aires nuevos, fragancias desconocidas...
ResponderEliminarHas conseguido despertar mi parte romántica, ¡cómo eres!