Vinieron
a aliviar el alma con canciones de otros tiempos. Traían sonidos del mar y las
montañas. El equilibrio natural estuvo presente en todo momento.
Fuimos
presos de la melodía, cautivos de la armonía entre las rejas del pentagrama.
Los
nombramos los ladrones de sensaciones, los druidas de la canción. Dice la
leyenda que sus acordes aún suenan en valles y ríos cercanos. Desde que nos
visitaron nos cambió la mirada, se abrieron nuevos horizontes en nuestras
almas. Será un honor volver a sentirles cerca.
Te
avisaré, lector, cuando vuelvan.... O tal vez ya estén aquí, entre nosotros, entre vosotras...
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